Venga a Tartu a ver la famosa estatua El Beso, a conocer a su fantasma (quizás) y utilice esta ciudad como base para sus exploraciones por el sur de Estonia.

Tartu es la segunda ciudad más grande de Estonia y también la más antigua de los estados bálticos: fue mencionada por primera vez en 1030.

Tartu ha sido siempre la capital intelectual de Estonia. Es la cuna del Festival de la Canción de Estonia, El Teatro de Estonia y del estado de Estonia. Durante el período que los estonios denominan como «el despertar nacional» Tartu era conocida como la Atenas del río Emajõgi («río madre») y la ciudad ha preservado su ambiente bohemio e intelectual hasta nuestros días.

La Universidad de Tartu es una de las universidades más antiguas del Norte de Europa (fundada en 1632) y de ella han salido eminentes científicos y eruditos de reputación como el biólogo de la Alemania báltica Karl Ernst von Baer y el famoso semiólogo ruso, el fundador de la culturología Juri Lotman. Tartu dispone todavía de una numerosa población estudiantil y la mejor época para encontrarse con ellos es durante la primavera, donde Los Días Primaverales de los Estudiantes combinan su juventud con las tradiciones académicas.

Es posible que se encuentre con el «Fantasma de Tartu»: un ser misterioso que le hace perder demasiado tiempo y le obliga a volver a Tartu una y otra vez. ¿Donde vive este fantasma? Nadie lo sabe pero se puede sentir su presencia en casi todas partes, en el barrio de Supilinn, («Barrio de la sopa»), en Toome Hill, en las pequeñas y acogedoras cafeterías y en la Universidad. Los lugareños también creen que el tiempo transcurre más lentamente en Tartu.

Representaciones teatrales, conciertos, festivales y conferencias tienen lugar durante todo el año. Tartu es un hervidero de cultura científica con conciertos de alta calidad en la vía pública, teatro de verano en el río Emajõgi, los Días Hanseánicos y diferentes eventos musicales: usted nunca se aburrirá. Tartu es también el hogar de más de 20 museos.

Tartu es una ciudad ideal para todos: familias, intelectuales, mochileros, parejas enamoradas, personas interesadas en la cultura y el arte, ¡Lo que sea! Siempre existen buenas razones para volver y en particular para mantener una cálida relación de amistad con el Fantasma de Tartu.

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